abril 14, 2013

COMUNICADO DE ADEPA

Posted in General a 8:31 pm por la Plataforma

Lamentablemente tenemos que decir que nuestros peores temores sobre el Castillo de Luna se están confirmando. La caída de dos lienzos de la fortaleza a principios de este mes de abril en su lado norte, es decir, aquella parte que mira hacia el pueblo, viene a confirmar que a los promotores de esa aberrante hospedería que hace años nos anunciaban para nada les interesaba la conservación, restauración y puesta en valor del mayor patrimonio con el que cuenta Alburquerque: la fortaleza medieval más importante de Extremadura.

Y aunque pareciera que volvemos a insistir en cuestiones ya expuestas, conviene echar una mirada atrás para entender cómo los responsables directos, la Junta de Extremadura y el Ayuntamiento de Alburquerque, han jugado impunemente para llevar adelante un proyecto que no solo contravenía abiertamente la Ley de Patrimonio Histórico y Cultural de Extremadura, sino que menospreciaban voces cualificadas que alertaban del daño que se iba a cometer contra el Castillo.

Recordemos que cuando Adepa inició su andadura contó con el historiador de mayor prestigio en el conocimiento de nuestro Castillo así como en los de la Corona del antiguo Reino de Castilla. En más de una ocasión se desplazó a nuestro pueblo Edward Cooper para explicarnos la relevancia histórica de nuestra fortaleza y el mejor modo de conservarla. Pues bien, a pesar de que el alcalde fue invitado a sus intervenciones no tuvo el más mínimo interés en conocerle, sino que, incluso, tras confundirlo con el por entonces entrenador del Betis, manifestó públicamente que el deseo de este historiador era que el Castillo se cayera para saber qué había debajo de la fortaleza.

Semejante brutalidad solo puede provenir de alguien con un total desconocimiento de la historia que ha atravesado nuestro pueblo y con una enorme falta de sensibilidad hacia lo que representa el patrimonio.

En esa actitud de arrogancia hay que entender aquellas palabras pronunciadas cuando ganó las elecciones municipales de 2007 en las que manifestaba, con respecto a los miembros de Adepa, que “ya iríamos nosotros o algunos de nuestros familiares a pedir trabajo en la hospedería”. Con esa línea de intimidación y presión, que es la que ha presidido en el cargo, pensaba doblegar a los miembros de una asociación como la nuestra y a todos aquellos que tuvieran contacto con ella.

Pero de nada valieron esas presiones, pues no solo fue Edward Cooper el que mostraba apoyo a que la hospedería se realizara fuera del recinto histórico, sino también el profesor de la Universidad extremeña Francisco García Fitz, ICOMOS o la asociación Adenex. También hemos contado con el apoyo de cientos de alburquerqueños que con sus firmas, tiempo atrás, manifestaban su oposición a la hospedería y, más recientemente, respaldando la apertura de nuevo del Castillo, que ha estado cerrado a cal y canto durante más de cinco años y del que no se ha dado la menor información institucional del estado de deterioro en el que se encuentra.

Este deterioro lo pudieron comprobar con sus propios ojos dos miembros de nuestra asociación, Carlos Alberto del Pozo, como portavoz, y Aureliano Sáinz, como arquitecto, cuando en junio del pasado año, y a instancias del juez que llevaba la demanda que interpusimos, visitaron detenidamente las obras realizadas en los Baluartes y en el propio Castillo.

Pero interesadamente y durante años, se ha buscado por todas las formas posibles que esta lamentable situación no fuera conocida por los alburquerqueños ni tuvieran acceso a ella los medios de comunicación que pudieran dar algunas pistas del grave deterioro. De este modo, hemos pasado de conocer un Castillo lleno de vida y del que era posible buscar más actividades, fueran culturales o lúdicas, a contemplarlo desde lejos como una triste y “simple postal”, tal como afirmaba un defensor de la hospedería, indicando que esa era la función que hasta entonces había tenido.

Y es que la atrocidad de cortar las rocas que sustentaban la base del Castillo para llevar a cabo la hospedería llena de hormigón armado, junto al resto al resto de la obra, está pasando factura. Así, ese enorme muro de hormigón visible, junto al Pico de Diamante, que se colocó para impedir el desprendimiento de las rocas parece que no está sirviendo de mucho.

Comprobamos que cortar las rocas de cuarcita, junto con el inútil hormigonado, para hacer este disparate ha salido muy caro: cuatro millones y medio de euros empleados en el mayor destrozo cometido contra la fortaleza. Un dinero que hubiera venido muy bien a Alburquerque si, por ejemplo, la hospedería se hubiera llevado a cabo en el convento de San Francisco, tal como defendíamos, y el resto de esa gran cantidad en la conservación y restauración que toda fortaleza medieval necesita. De haberse actuado con sensatez y no con despotismo, hoy tendríamos una hospedería abierta y un Castillo muy mejorado.

Tristemente no ha sido así. De todos modos, nuestra asociación no ha dado un paso atrás, sin doblegarse a las amenazas, a las mentiras, a los engaños o a las falsas acusaciones.

Pero tampoco podemos quedarnos en el lamento de lo que podía haber sido y no se ha logrado. Seguimos mirando hacia adelante y, en ese sentido, hace casi un año, tras una intensa campaña de recogida de firmas, nos recibió la Directora General de Patrimonio y nos aseguró que estaba en su agenda la apertura del Castillo de Luna. Desde entonces no hemos vuelto a tener noticias fidedignas de su apertura.

Hoy, otra vez, se hace perentoria esta reivindicación que llevamos tiempo defendiendo, pues es necesario que esté abierto no solo a las visitas de quienes llegan a Alburquerque sino para limpiar, restaurar, consolidar, proteger y poner en valor nuestro mayor patrimonio.

Para finalizar, la Justicia, en su momento, nos dirá si tenemos razón en la demanda interpuesta acerca de la ilegalidad de la hospedería y, en caso afirmativo, habrá responsables institucionales o individuales ante este atropello; pero hoy, como la mayoría de los alburquerqueños, exigimos que sea abierto el Castillo de Luna, pues no podemos permitir que se vaya deteriorando más y contemplar cómo se van cayendo sus lienzos como si fuera una fortaleza olvidada y abandonada a su suerte.

 

 

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